Historia del Hospital Valdecilla
Marqués de Vladecilla Panorámica Valdecilla Arquitecto D. Gonzalo

 

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                       Capítulo I                                     Capítulo II                                            Capítulo III                                                Capítulo IV

 

1º DE UNA SERIE DE CAPÍTULOS A MODO DE INFORMACIÓN

El hospital conocido a partir de 1928 como «Casa de Salud Valdecilla», se configuró como un hospital nuevo, con una concepción nueva, distinta de lo existente hasta entonces. Esta afirmación necesita ser matizada. Por una parte, la CSV fue la continuación del proyecto que comenzó a gestarse en 1918, con un anteproyecto arquitectónico de 1919, como sustitución del viejo e inadecuado Hospital de San Rafael, construido en 1791. Por otra, no puede considerarse como tal, tanto desde el punto de vista de la fórmula de financiación, como desde el propio proyecto de concepción hospitalaria. En efecto, a mediados de 1927, Ramón Pelayo de la Torriente, marqués de Valdecilla (1850-1932), tomó la decisión de apartarse del proyecto de 1918/1919. Lo hizo mediante la propuesta de construir a sus expensas uno nuevo, que desbordó estructural y funcionalmente el anterior, lo qu exigió un salto en la financiación nunca contemplado hasta entonces, ni siquiera en los momentos de máxima euforia presupuestaria, justo al acabarse la primera guerra mundial. Por iniciativa del marqués de Valdecilla, aceptada de hecho por las fuerzas sociales e instituciones santanderinas, la fórmula inicial de financiación, basada en la suscripción popular, fue sustituida por el patronazgo del marqués, a cuyas expensas personales corrieron los gastos del hospital definitivo, que recibiría el nombre de «Casa de Salud Valdecilla». Se pasó de siete millones (pesetas de 1919, con máximos precios en materiales consecuencia de la guerra europea), a dieciséis millones (pesetas de 1927, con precios de materiales y jornales muy rebajados, respecto a siete años antes). Pensemos que sin las aportaciones del marqués de Valdecilla, los recursos aportados por la iniciativa privada, más las medidas financieras arbitradas por la Diputación -que no llegaron a hacerse efectivas-, no habían logrado superar los tres millones de pesetas en diciembre de 1926. Pero no fue solamente nueva la fórmula de financiación, también lo fueron el modelo de gestión propuesto y el propio diseño de la función hospitalaria. En efecto, por primera vez en España un hospital regido por un patronato –en cierto modo, pues, un hospital privado- se constituyó como un hospital general que asumió las responsabilidades de la asistencia médica de una provincia, tarea vinculada a las diputaciones provinciales; además el nuevo hospital se diseñó para llevar a cabo en su seno la cuádruple función característica del hospital contemporáneo asistencia, docencia e investigación médicas, y acción social preventiva de la comunidad a la que sirve.

Podemos considerar que el nuevo hospital, la CSV, fue un regalo del marqués de Valdecilla a la entonces provincia de Santander. Ahora bien, no bastaba con un mecenas y la idea de levantar un nuevo hospital; era necesario además contar con alguien que diera forma a esa idea y fuera capaz de organizar y poner en marcha la novedad que significó la CSV. Esa persona fue el médico cántabro Wenceslao López Albo (1889-1944) La CSV no debe ser considerada un hecho aislado en la biografía del marqués, hombre que durante su dura vida empresarial, no exenta de riesgo pero inteligente, conocía perfectamente la fuerza de transformación social de la ciencia y la tecnología, que aprendió en los EEUU, y que había hecho de la elevación del nivel cultural y de la promoción de la salud de quienes con él trabajaban, uno de los pilares fundamentales de sus actividades empresariales en los territorios coloniales americanos durante los últimos decenios del siglo XIX. Dentro naturalmente de los presupuestos propios de un paternalismo cristiano que no cuestionaba las estructuras coloniales, pero con conocimiento de un liberalismo económico sumamente dinámico. La CSV fue, pues, una acción enmarcada en una larga cadena de obras filantrópicas a él debidas, sin precedentes en Cantabria y de escasa, por no decir nula, tradición entre los millonarios españoles.

Obras centradas fundamentalmente en la provisión de infraestructura educativa para el pueblo. Acciones que no dejaron tampoco de tener en cuenta lo que podríamos llamar alta cultura universitaria, si tenemos presente el apoyo incondicional, acompañado de los correspondientes cheques, del marqués al ambicioso proyecto de Ciudad Universitaria de Madrid, que, bajo el patrocinio de la propia persona del rey Alfonso XIII, no logró movilizar tampoco a la aristocracia financiera del país; aristocracia muchas veces unida en España a la aristocracia de sangre, que, como conjunto, ofreció un lamentable ejemplo de cicatería e incultura, e incluso de desprecio por la ciencia y la investigación.

En lo que hoy llamamos Cantabria, tanto las fuerzas políticas locales (Diputación, en primer término, y ayuntamientos, desde el de la capital hasta el del más pequeño municipio), como los grupos sociales representativos de los intereses mercantiles (Cámara de Comercio, bancos, etc.), y particulares adinerados, la misma iglesia, hasta el propio gobierno central de Madrid, todos, hicieron dejación de sus responsabilidades, en lo referente al nuevo hospital, en la persona del marqués de Valdecilla, quien, de hecho, se erigió en patrono absoluto de la empresa. Una empresa que demostró venirle grande a las fuerzas vivas de Santander. El paternalismo y la magnanimidad del marques, la creciente intervención de éste en la vida social de su tierra, a través de las distintas y variadas manifestaciones de su filantropía, fueron, poco a poco, excusa (nunca explicitada ni reconocida) para convertirse en espectadores quienes debieran haber sido protagonistas, según la lógica puesta en marcha por los planteamientos que fueron tomando cuerpo entre 1918 y 1926.

Esa actitud de inhibición de quienes en Santander y su provincia detentaban el poder político, económico y financiero, se volverá a poner de manifiesto cuando se plantee el grave problema del mantenimiento del nuevo hospital. Tema que ya empezó a discutirse tímidamente en Santander en 1927. Pese a su importancia, no será afrontado debidamente por nadie. La documentación de que disponemos no nos permite profundizar en tan importante tema (la financiación del mantenimiento del ambicioso proyecto en que se convirtió la CSV de 1927) que, tras la década que siguió a la guerra civil española, y ya antes, hizo problemática la propia continuidad del hospital, tal como fue planteado o, más bien, tal como fue gestionado desde el comienzo mismo. De hecho, tras el decisivo patronazgo del marqués, las únicas intervenciones activas de la oligarquía política y económica local fueron las acciones de gracias espectaculares, retóricas y sentimentales, hacia el marqués, junto con las movilizaciones fáciles de las masas populares mediante la exaltación de los sentimientos de gratitud hacia quien repartía el «maná» que nada les costaba, todo ello con la anuencia y adhesión del gobierno de la Dictadura totalmente identificado con este tipo de paternalismo social, promotor de grandes obras públicas, que ayudaban a paliar el paro y el descontento social. No olvidemos que la ocupación de abundante mano de obra, especialmente peonaje, que conllevaron las obras del hospital/CSV, con su masivo movimiento de tierras y amplias obras de estructura, actuó como un auténtico secante social en un Santander traspasado por el problema social del paro y la pobreza del pueblo. En realidad, la auténtica enfermedad a curar era la pobreza.

El capellán del hospital de San Rafael, Manuel García Villegas, tras su fracaso en la campaña para obtener fondos que permitieran la continuidad del proyecto de 1919, no ocultó las duras acusaciones contra la falta de generosidad y miopía social de la oligarquía local. Aunque después volveremos sobre el tema, quisiéramos poner de manifiesto que el fracaso en la financiación del proyecto del nuevo hospital a través exclusivamente de donaciones privadas (personales o de empresas), no fue sólo el fracaso de la clase adinerada santanderina y de Cantabria ante el reto social que significó la construcción de un nuevo hospital; fue también el fracaso de una fórmula para solucionar el problema social básico de la lucha contra la enfermedad y de la promoción de la salud, que se estaba demostrando caduca en todo el mundo occidental. Ni la caridad privada, por loable y socialmente beneficiosa que fuera, ni la beneficencia (roñosa y cicatera a través de las diputaciones, en España, y siempre atentatoria contra la dignidad humana del «beneficiario»), ni la iniciativa privada basada en el pago por servicio médico, eran ya fórmulas adecuadas. Ello quedó claro en Europa tras la primera guerra mundial. Intentar armonizar la iniciativa privada con los intereses colectivos de la población (en este caso, la salud); hacer de ésta patrimonio de todos y no sólo de quienes tenían dinero; desterrar el ominoso concepto de beneficencia que exigía el reconocimiento social y personal de la pobreza como requisito indispensable para ser asistido médica y quirúrgicamente; garantizar la libertad del acto médico y de la relación médico-enfermo, no haciéndolos dependientes de la mayor o menor disponibilidad económica del paciente; hacer de la salud empresa nacional, soslayando la burocratización del acto médico, y preservando en éste lo que de personal y afectivo debe contener; encontrar fórmulas de movilización y reparto justo de los recursos nacionales capaces de financiar los gastos sanitarios y médicos a través de una organización hospitalaria; estimular al capitalismo a encontrar fórmulas de redistribución de la riqueza acumulada en unos pocos, compatibles con la dignidad humana y la justicia; todo ello fueron temas que se debatieron en Europa, como hemos visto, a partir de la primera guerra mundial. Serán temas que estarán más o menos latentes en los años en que se gestó el proyecto definitivo de la CSV. Es interesante, lamentablemente interesante, comprobar que estos temas no fueron discutidos abiertamente en la prensa local santanderina, ni tampoco, al parecer, de otras regiones españolas, entre los años 1919 y 1928, como que tampoco conmovieron ala prensa médica especializada española, en contraste con la vehemencia y apertura con que fueron discutidos por la prensa médica europea (al menos la alemana y la británica) y norteamericana, donde constituyeron auténticos debates nacionales; años decisivos en la historia socio-médica europea, por desgracia sometidos en nuestro país a una censura -la impuesta por el general Primo de Rivera- que quizás impidió la explicitación de estos y otros problemas que el nuevo hospital hizo aflorar en Santander .

A partir de noviembre de 1926, en que se reanudaron las obras interrumpidas en diciembre de 1921, de acuerdo todavía con el proyecto de 1919, y hasta abril-mayo de 1927 en que el marqués decidió convertir en empresa personal la edificación del nuevo hospital, se abrió un proceso de transición, que dio paso a otro, bastante acelerado (sobre todo si se tiene en cuenta la lentitud y zigzagueo con que se funcionó en los casi diez años anteriores) entre esa fecha y el mes de abril del año siguiente, durante el cual se redefinió el proyecto de 1919 en todos sus sentidos: tanto en su estructura, como en su función y fines. Se pasó de un hospital provincial modernizado en sus estructuras, destinado a los pobres de la provincia, y con un funcionamiento tradicional, a un hospital moderno, preparado para recibir a todas las clases sociales, aunque con una clara vocación de atención al pobre por ser ésta la mayor parte de la población cántabra, con una clara dimensión docente e investigadora (de hecho una escuela de medicina y cirugía), y con la pretensión de ejercer positiva y decisiva influencia en la ordenación de la salud de la entonces provincia de Santander.

Quizás la rapidez de este cambio, y el que fuera más resultado de decisiones personales que de cuidada planificación, hicieron que la CSV fuese el resultado de una continua improvisación; improvisación en la concepción del modelo hospitalario elegido; improvisación en la elección del modelo económico por el que se construyera y por el que se rigiera en el futuro. Volveremos sobre esto. Una improvisación que concluyó en abril-mayo de 1927, cuando el marqués decidió, y las autoridades y otras fuerzas vivas locales lo consintieron, hacerse cargo personalmente de la empresa extendiendo, de hecho, un cheque en blanco. Como hemos dicho, en el espacio de un año -abril de 1927 a abril de 1928- , se proyectó e intentó levantar el primer hospital en España hecho con criterios actuales. ¿Por qué rompió el marqués con el modelo anterior? ¿Cómo descubrió el nuevo modelo y cómo llegó al convencimiento de la conveniencia de un nuevo proyecto en el que iba a invertir una buena parte de su patrimonio? Son preguntas de muy difícil y casi imposible respuesta en la actualidad. Fundamentalmente por la ausencia de documentación. Desde luego, creemos que la rápida exposición de los hechos que precedieron al periodo último, 1927-1928, puede arrojar alguna luz y, sobre todo, nos permite disponer de un interesante material de reflexión. Ahora bien, sólo investigaciones locales procedentes de la historia económica, política y social del periodo de entreguerras, aún sin realizar, completadas con materiales de archivos privados todavía inaccesibles, nos permitirán disponer de las claves adecuadas que nos posibiliten contestar con más precisión a las preguntas antes planteadas.

Del Libro La Casa de Salud Valdecilla Origen y Antecedentes

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2º DE UNA SERIE DE CAPITULOS A MODO DE INFORMACIÓN

LA CASA DE SALUD VALDECILLA se inauguró el 24 de octubre de 1929. Gracias a la iniciativa del insigne filántropo Sr. Marqués de Valdecilla, que costeó por completo su construcción e instalación, fue posible, crear el hospital más completo y moderno que existe actualmente en España.

Tratándose, sin duda, de un establecimiento de interés general, creemos oportuno dar una ligera idea de las caracterís­ticas principales del mismo, como también algunos datos estadísticos de los primeros años de servicio, sin pretender redactar una descripción completa de todos los edificios e instalaciones.

 

1. DESCRIPCION GENERAL

 

La idea de construir una casa de salud de 600 camas, según principios modernos, es decir, con habitaciones de una o un número limitado de camas era en el año 1927, cuando se inició la construcción, algo nuevo, propio sólo de escaso número de hospitales modernos en los Estados Unidos y de algunos pocos países de Europa. Idea nueva era también la admisión de pabellones observación para enfermos mentales, cuyo estado de salud no requiere un tratamiento en el Manicomio. La construcción de este pabellón, con sus dependencias, fue solucionado según indicaciones del conocido psiquiatra D. Wenceslao López Albo. La investigación social moderna considera imprescindible para un hospital la existencia de una institución de esta naturaleza, para que en lo más posible al enfermo la idea de verse curado en un manicomio. A continuación y respondiendo a las exigencias crecientes de la ciencia médica deseaba construir de una vez un pabellón de Fisioterapia con instalaciones completas, incluso para aplicaciones de mecanoterapia. Por último, el programa de construcción aspiró a realizar una centralización máxima de todos los servicios, con el fin de reducir el coste del entretenimiento y de aumentar la rapidez de las comunicaciones entre las diversas dependencias.

La ejecución del programa fue encomendada al arquitecto D. Gonzalo Bringas y Vega, debiéndose a iniciativa e incansable labor personal que, en el relativo corto plazo de veintiséis meses, se realizase la obra completa, edificándose según sus planos y bajo su dirección, un conjunto del llamado sistema «por pabellones», de unos veintiséis edificios, en estilo montañés.

En un terreno de 104.000 m2 se agrupan los diversos edificios indicados en el plano general, unidos entre si por galerías subterráneas, con una longitud total de 1.260 metros. Estas galerías, construidas en su mayoría de 2,0 m. de ancho por 2,50 m. de altura, son de hormigón armado y sirven como guías de comunicación para el personal y para la conducción de toda clase de tuberías, cables eléctricos para fuerza motriz, luz, teléfono y timbres. En la superficie del terreno la mayoría de los pabellones va comunicada entre sí por galerías cubiertas o carreteras asfaltadas de anchura normal. El resto del terreno se convirtió en jardines y plantaciones. En la avenida principal, entre pabellones de medicina y cirugía, la distancia entre los edificios mide 45 metros. La superficie total edificada es de 17.960 m2, o sea 70 m2 por cama. El coste de las edificaciones, sin instalación interior ascendía a pesetas 9.431.222, o sea pesetas 15.718 por cama, cantidad relativamente pequeña, si se tiene en cuenta el considerable movimiento de tierra que fue preciso.

El benemérito fundador no ha escaseado recursos para dotar al hospital de las mejores instalaciones, instrumentos, mobiliario, etc., que conoce la técnica y ciencia médica, lo que mejor refleja el elevado porcentaje del coste de estas partidas con relación al coste de la obra, no alcanzado por hospital alguno de Europa superado solamente por algunos institutos de los Estados Unidos. El coste de las completas instalaciones sanitarias salas. de operaciones, cocina, lavadero, calefacción, esterilización, etc., ascendió a pesetas 3.651.560. Para mobiliario, colección instrumental, ropa, vajilla se gastaron pesetas 2.045.800.

La Tabla siguiente dará una idea de la magnitud de la obra:

 

 Importe Total

 Por Cama

 Por 100

Obras

 9.431.222

 15.718

 63

Instalaciones

 3.651.560

 6.020

 24

Mobiliario

 2.045.800

 3.400

 13

Total

 15.128.582

 25.250

 100

            En la época de la construcción equivalía 1 peseta = 0,86 peseta oro.

Excluimos de este resumen el importe de la biblioteca, objeto de una donación Dª María Luisa, Marquesa de Pelayo, valorado en 1.000.000 pesetas.

Gran parte de las paredes de los dormitorios, salas de estar, etc., van revestidas de azulejos en diferentes tonos. en total unos 39,500 m2, cuyo coste ascendió a pesetas 992.00­0.

En baldosado se invirtieron pesetas 515.00­0. Se aplicaron en la obra las siguientes unidades de construcción:

22.240 m2 de cubierta de teja.

13.550 m2 de puertas y ventanas.

7.850 m3 de hormigón armado.

11.027 m3 de fábrica de ladrillo en fachadas.

31.000 m2 de panderetes en repartos.

39.500 m2 de azulejos en zócalos y tabiques.

35.500 m2 de baldosas en pisos.

130.750 m2 de pintura

4.800 m lineales de alero.

1.175.000 kilos de hierro en hormigones.

7.418.660 ladrillos en fachadas y repartos.

1.997.000 metros cúbicos de madera en cubierta y carpintería.

2.930 T. M. de cemento.

En las obras de construcción fueron encargados por partes iguales el ingeniero Julio Soler, de Santander, y el constructor don José Cabarga, de Solares. Las principales instalaciones técnicas las proyectó el ingeniero especialista D. Adolfo Probst; la adquisición de aparatos e instrumentos se efectúo por concurso entre las casas más especializadas de ambos continentes que citaremos más adelante.

2. LOS PABELLONES DE ENFERMERIA Y CIRUGIA

a) Policlínica.- Enfrente de la portería (edificio 1. del plano general), donde están instaladas la central telefónica y la comisaría y se determina la admisión y distribución de enfermos, a la vez que se ejerce vigilancia sobre toda persona que penetra en la Casa de Salud, se encuentra el Pabellón central de policlínica y dispensario. La planta baja de este edificio está destinada a los servicios médicos, y la primera a laboratorios y servicios administrativos. El piso tercero se ha destinado a dormitorios para la servidumbre, con duchas, cuartos de baño y salas de estar. Pertenecen al servicio de este edificio dos pabellones extremos: Farmacia y un pabellón, de carácter receptivo, dedicado a observación, asepsia de enfermos y lazareto, con sus baños y dependencias de aislamiento.

La policlínica comprende los servicios para las especialidades siguientes. Odontología, huesos y articulaciones, ojos, oídos, nariz y garganta. Hay además en los consultorios dos servicios de radiodiagnóstico y una sala de medicina y cirugía con mesa de operaciones y cuarto de esterilización. En la misma planta donde se hallan todos estos servicios existen cuatro salas de espera, servicios de revelado anexos a los de radiodiagnóstico, salas de reposo y cuartos para enfermos aislados, además de las salas de enfermos y médicos. Cada consultorio comunica con varios pequeños cuartos de vestir, que a su vez dan acceso a las correspondientes salas de espera, para facilitar la rapidez del despacho de consultas. En la planta alta están a un lado todos los servicios de laboratorio de suerología, parasitología., anatomía patológica y hematología, microquímica y química general y una biblioteca especial para el laboratorio. Un laboratorio bacteriológico, según planos del especialista Dr. Celada, completa la instalación. Al otro lado se encuentran todas las dependencias generales de dirección, administración y archivo general del  historial clínico, que será el primero de su clase en España; biblioteca general, museo y despacho del señor arquitecto.

b) Cirugía.‑ A 47 metros se encuentra una segunda alineación, con tres pabellones: uno central y dos laterales, de 100 metros de longitud cada uno de estos últimos, unidos por galerías superficiales y subterráneas. Los dos pabellones laterales, iguales ambos y destinados a enfermería medico‑quirúrgica, se componen 1 de un cuerpo central, que a un lado y a otro tienen los dormitorios para enfermos, de ocho camas cada uno. En el centro, el cuarto de curas, con aparatos de esterilización, y en los extremos, los servicios de convalecientes. Todos los dormitorios dan a unas amplias galerías en la fachada sur, con puertas de suficiente anchura para sacar camas, y comunican además con la parte norte con el pasillo general. En el ángulo formado por dos dormitorios con dicho pasillo, observamos unos nichos de observación, que permite al vigilante, durante la noche, el control desde el exterior. La planta principal es idéntica a la descrita, con la ampliación de una pequeña sala de operaciones para intervenciones, hallándose la alta destinada a niños.

El pabellón del centro está dedicado a sala de operaciones y dispuesto de la siguiente manera: Una sala de esterilización, con una sala de operaciones a cada lado, aséptica la una y de asepsia dudosa la otra. Muy cerca de los cuartos de preparación de enfermos se encuentran los servicios de aislados, material instrumental, fregadero, cocina auxiliar, etc., comunicando estas dependencias con el cuarto de esterilización central, instalado en el primer piso mediante un montacargas eléctrico. Hay además una sala aséptica, con los anexos de esterilización, preparación de enfermos, lavabos y sala con citoscopias, además de los servicios de rayos X, laboratorio y auditorio.

c) Grupo de medicina.‑ Otra alineación de seis pabellones, de tres pisos, comprende el grupo de medicina, situado a izquierda y derecha del edificio central para tratamientos de fisioterapia, comunicado con este último también por galerías superficiales y subterráneas. Son estos los pabellones para militares (60 camas), medicina interna (60 camas), enfermos privados (35 camas), otro para enfermos privados (35 camas), neurología y psiquiatría (45 camas).

Cada dos pabellones tienen un intermedio con cuatro camas, con sus respectivos cuartos de baño, destinadas a enfermos que por cualquier causa convenga su aislamiento: delirantes, agonizantes o perturbadores.

El pabellón central de Fisioterapia, destinado también a clínica de cáncer, lleva un semisótano para mecanoterapia, gimnasia médica, baños de fango, duchas, cámaras calientes, baños de arena, salinos, azufre, medicinales y de ácido carbónico. Planta baja, que se divide en dos partes: anterior, con servicios completos de salas de operaciones, aséptica una y séptica la otra; una sala de conferencias y habitación para aislados. Parte posterior: servicio de duchas de toda clase, piscina, sala de masaje, baños de vapor y de aire caliente, baño hidroeléctrico y lechos de agua. La planta principal, en su parte anterior, contiene los servicios de radioterapia superficial y profunda, radiodiagnóstico, diatermia, electrodiagnóstico, cronaxia, electroterapia, radiumterapia y baños de luz. En la misma planta van instaladas cuatro habitaciones, de cinco camas cada una, destinadas a la clínica de cáncer.

Cada uno de los seis pabellones de medicina tiene comedor y cocina de gas en cada piso, salas de enfermos de cuatro y ocho camas, galerías y terraza. (Los pabellones para enfermos privados contienen cuartos a una cama, con servicio de cuarto de baño.)

Merece destacarse el pabellón Psiquiátrico, construido según indicaciones del Dr. D. Wenceslao López Alvo, dedicado a enfermos mentales agudos y curables, siendo a la vez lugar de exploración y tránsito de enfermos mentales crónicos o difícilmente curables, para su traslado al manicomio.

En cada piso hay cuatro salas de enfermos: para psico­neurósicos, una otra para mentales tranquilos, otra para semiagitados y otra para agitados. Estas dos últimas con sus baños y servicios correspondientes para que no tengan que abandonar la habitación un solo instante, pues están encamados. Hay también un cuarto aislados y otro de pensionistas, con los servicios correspondientes. Las salas de agitados y semiagitados cuentan con servicios de higiene y baños manejables desde el exterior de la habitación. Cada planta del pabellón tiene un baño permanente, sistema «Schneider».

d) Grupo para tuberculosos e infecciosos.- Las construcciones que lo forman comprenden: el primero, un pabellón de 60 camas para tuberculosos, distribuido en habitaciones para dos y cuatro enfermos cada una, y entre cada dos salas una de reposo para los días en que no sea posible salir a las terrazas y galerías, que están orientadas convenientemente.

La ventilación en estos cuartos es indirecta, con calefacción en invierno para evitar las corrientes de aire. Hay también una sala de operaciones, otra para neumotórax y de curas y anexo; figura un dispensario, que consta de consultorio, salas de espera, sala de acción social y archivo e instalaciones de radiodiagnóstico y laboratorios.

El pabellón de infecto‑contagiosos consta de 40 camas. Está destinado a las afecciones febriles, infeccioso‑contagiosas. Se compone de habitaciones personales y bipersonales para los que sufren la misma infección, como también una sección de vacunoterapia. (Este pabellón aún no está construido.)

3. LOS SERVICIOS AUXILIARES

Son estos la Central de calderas, Central eléctrica, lavadero, cocina, calefacción, producción de agua caliente, desinfección y cremación, esterilización, abastecimiento de aguas y servicio de incendios, gas, instalación de teléfono y relojes eléctricos.

a) Central de calderas.‑ La producción del calor para todos los servicios está centralizada en el edificio mero 24. Tres calderas, con total 339 m2 de superficie de caldeo, producen vapor de 12 atmósferas de presión, recalentado a 250º. El vapor está conducido primeramente por unos distribuidores instalados en la Casa de máquinas, donde se encuentran los aparatos de control de presión y de temperatura. El vapor destinado para lavadero, desinfección y esterilización pasa por separados conductos a los correspondientes pabellones, después de ser reducida a una presión de cuatro atmósferas. El vapor para la cocina (edificio 7), dada la gran distancia (470 metros), entra sin reducción de presión en un conducto separado, colocado en las galerías subterráneas. Hubiera sido ventajoso, desde el punto de vista técnico, unir todos los servicios auxiliares en un solo grupo de edificios, pero para facilitar el abastecimiento por parte de los proveedores fue más cómodo situar las cocinas cerca de la carretera.

La Central de calderas se encuentra al lado de la línea del ferrocarril Cantábrico, lo que permite traer el carbón por una corta vía muerta a pie del edificio. Un elevador eléctrico sirve para descargar rápidamente varios vagones de carbón, llevando el combustible, después de haber pasado la báscula, a un almacén de 400 T. M. de capacidad, situado al lado de las calderas. El cargamento de las calderas se hace a mano.

La conducción de los gases de combustión requirió un estudio especial, dado el emplazamiento bajo de las calderas con relación a los pabellones de enfermos,  para evitar cualquier molestia de humos por los vientos dominantes del Sur. Se resolvió el problema colocando la chimenea en un extremo de la finca, en una distancia de unos 135 metros de las calderas. El tiro queda asegurado por un ventilador especial, acoplado directamente a un motor eléctrico de lenta marcha. La chimenea, de hormigón armado, lleva 1,50 m. en la boca y una altura de 45 metros, dominando en dos metros el pabellón más alto del hospital. Dada la gran sección de la chimenea y del conducto horizontal de humos, se establece un tiro natural, a pesar de la gran distancia, sirviendo el tiro artificial solamente para la puesta en marcha. El tejado de encima de las calderas es de uralita ligera, y las paredes de este edificio y del almacén de carbón llevan bocas de ventilación continuamente abiertas. Las instalaciones de la casa  de calderas fueron ejecutadas por la casa Jacobo Schneider, de Madrid, y la chimenea por J. Soler, de Santander.

b) Central eléctrica.‑ La producción de la corriente eléctrica se efectúa en una central propia, situada al lado de la casa de las calderas. La luz, la cocina eléctrica los diversos motores (unos 32) requieren normalmente unos 120 kilovatios en término medio. La corriente es alterna trifásica de 220 voltios. Una turbina de vapor, acoplada a un alternador, recibe vapor vivo de 12 atmósferas y puede trabajar bien sea con escape o con conden­sación. El vapor de salida se aprovecha para producir el agua caliente de los baños y para la calefacción. Cinco aparatos condensadores de contracorriente, situados en el sótano, calientan el agua de la calefacción, pudiendo ser colocados en serie o paralelos, según las necesidades del servicio. El manejo de todas las válvulas de cierre de estos aparatos y de las bombas de circulación está centralizado en un cuadro de maniobra colocado al lado de la turbina. En el mismo local se encuentran cuatro grupos motor‑bomba, accionados en parte por turbinas de vapor o por motores eléctricos, con el fin de poder trabajar independientemente unos de los otros. En un cuarto adosado a la Central eléctrica se encuentran los transformadores de alta tensión, instalados por la A. E. G., de Bilbao, que permiten combinar la corriente eléctrica con la de la red urbana. Las instalaciones de esta Central fueron ejecutadas por Schneider, Madrid.

c) Lavadero mecánico.‑ Consiste en el local para el sorteo de la ropa sucia, el local de lavar y el local de planchar, situados todos en la planta baja y comunicados con la galería sub­terránea. En el primer piso tiene este edificio amplios departamentos para costura y depósito de ropa, con divisiones para los diferentes usos y pabellones.

Este servicio, que fue ejecutado por Schneider, de Madrid, tiene dos máquinas de lavar de gran tamaño, centrífu­ga, secadero, máquina para planchar y cubos de vapor para desinfectar la ropa. La ropa más sucia pasa primeramente por una máquina especial donde, sin aplicación de jabón, se prepara para ser recibida a continuación por las máquinas de lavar. De gran utilidad ha demostrado ser el secadero por la rapidez con que se puede secar la ropa centrifugada. El planchado se hace mayormente con una calandria con absorción interior, dejando el aire del local libre de vahos de vapor. Los tubos van todos ocultos, pero son accesibles en un canal subte­rráneo para quitarlos de la humedad y oxidación. Desgraciadamente y debido a la disposición del suelo no fue posible ocultar también la transmisión de las máquinas; El lavadero lleva seis metros de altura libre y está previsto con ventanas con dispositivo de ventilación.

Según una estadística llevada durante varios meses el lavadero responde semanalmente a la limpieza de unos 2.700 kilogramos de ropa para enfermos, 400 kilogramos para servicios de cirugía y 440 kilogramos para personal. En el mismo periodo hubo 450 camas ocupadas al día, y damos a continuación un resumen del servicio de esta dependencia:

 

Ropa lavada en 4 meses Kg.

Por semana Kg.

Por semana y cama Kg.

Enfermos

 45.775

 2.700

 6,0

Cirugía

 6.717

 400

 0,9

Personal (183)

 7.479

 440

 1,0

 Total

 59.951

 3.540

 7,9

d) La cocina.- (Instalada por J. Schneider, de Madrid).- Este edificio consiste en planta baja y piso alto. La nave central, con una altura de ocho metros contiene las marmitas de vapor, hornos de asar, eléctricos y por gas; cocina eléctrica y cocina de gas. Las marmitas son de níquel macizo; mesas y armarios calentados por vapor, varios vertederos, una betería de marmitas rápidas y una máquina para preparar café completan la instalación. Alrededor de esta nave se agrupan varios locales destinados a la preparación de alimentos y dependencias, una para carne, una para verduras, una para leche, otra para pescado, la panadería y un fregadero. La panadería, con su servicio de lavabo y ducha, tiene además una entrada independiente, dadas las horas distintas del servicio. En la planta baja se encuentran también amplias dependencias para el personal con vestuarios, lavabos, etc. La panadería mecánica suministra unos 300 kilogramos de pan corriente y toda clase de pan de dieta, a base de avena, etc., y significa una economía diaria no despreciable para la administra­ción del hospital. En un anexo está instalada la cámara frigorífica, con un rendimiento de 12.000 frigorías y una produc­ción de hielo de 120 kilogramos al día.

En el primer piso hay una cocina dietética con horno de gas y los comedores para los médicos, el personal y servidumbre, separados por sexos, con sus vestuarios y lavabos. Los comedores comunican con la cocina por montaplatos. Todas las tuberías van ocultas en un sótano de 1,50 m. de altura. El calor de la cocina es producido por vapor, gas o electricidad, omitiéndose cualquier combustible, a excepción. del horno de pan, que consume unos 64 kilogramos de carbón al día. Por el momento se elaboran en la panadería mente unos 240 kilogramos de pan corriente y 360 panecillos para 450 enfermos de cama y 140 personas de personal.

e) Calefacción central.‑ Los pabellones están calentados por tres sistemas de calefacción: calefacción por agua caliente, calefacción por vapor de baja presión y calefacción auxiliar mediante el agua caliente que sirve para los baños. Esta última suministra el calor a aquellas habitaciones que precisan una temperatura moderada durante el mayor tiempo del año, como cuartos de baño, salas de operaciones, salas de cura, etc. En los cuartos de quirófanos van instalados los tres sistemas, a fin de alimentar la seguridad del servicio. Todos los radiadores van colgados en los muros, a una distancia de 25 cms. del suelo, para facilitar la pieza del mismo. Gran número de caloríferos se colocó en forma de serpentín de tubo liso, para repartir el calor de una manera uniforme debajo de las ventanas, Las galerías subterráneas, que sirven para la conducción de los tubos de calefacción desde la central hasta los pabellones, tienen un recorrido de 1.280 metros. El rendimiento de las tres calefacciones es en total 2,4 millones de calorías por hora. Esta instalación fue encargada a la casa J. Schneider, de Madrid.

f) La producción de agua caliente.‑ El consumo de agua caliente para baños, lavadero mecánico, cocina y toda clase de lavabos, oscila entre 26 Un grupo de condensadores. 0 y 290 litros por día y cama ocupada. En el cuarto de máquinas está instalado un depósito de reserva de 90.000 litros de cabida, construido de hormigón, con revestimiento de chapa galvanizada y aislado debidamente. Dicho depósito conserva el agua caliente durante varios días, sufriendo una pérdida de pocos grados. Para el recalentamiento sirve en primer lugar el vapor de escape de las turbinas de vapor. Al limpiar el depósito o cuando la turbina está parada se calienta el agua con vapor directo. Dos bombas centrifugas, una acoplada con un motor eléctrico y la otra con una turbina de vapor llevan el agua a los diversos puntos de toma. Las tuberías, como las de la calefacción, van revestidas contra pérdidas de calor con una capa de trenza de seda y cubiertas con venda de algodón.

g) Desinfección y cremación.‑ Un anexo del lavadero contiene los servicios de desinfección para colchones y ropas de toda clase. Solamente el lado limpio de este departamento da acceso al lavadero. La desinfección de colchones, cueros, mantas de lana y prendas de vestir se efectúa en seco, en una temperatura de 103º. Comunica este cuarto con otro para cremación de vendas y material quirúrgico. El horno, del sistema Kori, de Berlín, tiene su puerta de encendido. en el cuarto de las calderas, y fue instalado, junto con los demás aparatos., por J. Schneider, de Madrid.

h) Esterilización e instalaciones sanitarias.‑ La casa Lantenschlaeger, de Berlín, suministró los aparatos de es­terilización, hervidores, autoclaves y esterilización central. Esta última se encuentra en el piso primero del pabellón de Quirófanos. Todos los apara­tos tienen dos fuentes de calor: una de vapor, de 1,50 atmósferas, y la otra de gas, como reserva.

Los aparatos sanitarios, baños, W. C., lavabos, etc., fueron importados de los Estados Unidos por la casa J. Schneider, que se encargó también de la instalación de las tuberías y desagües. Dado el desgaste que estos aparatos suelen sufrir en el servicio de un hospital, se dio preferencia a cons­trucciones muy sólidas, con griferías macizas, habiéndose optado por una porcelana de gres blanco, clase Maddock. Una particularidad son los W. C., que no llevan pedestal, sino que van fijados contra los muros y llevan fluxómetros en vez de los sistemas de descarga.

i) Abastecimiento de aguas, servicio de incendio y riego.- La cuestión de agua para un hospital es siempre de cierta trascendencia para las demás instalaciones por la considerable cantidad que se precisa y la irregularidad de la presión que suele haber en las redes urbanas, debido a la escasez o abundancia temporal. El agua procede de la red urbana, no habiéndonos sido posible encontrar una fuente dentro de los terrenos del hospital.

El consumo de agua queda hasta ahora dentro de límites normales, habiéndose verificado una comprobación durante tres meses (del 30‑09‑30 al 31‑12‑30). En este período marcó el contador un consumo de 24.274.480 litros. En este lapso de tiempo de noventa y dos días hubo 41.253 días de enfermos (450 camas ocupadas en término medio por día).

Resulta, pues, un consumo de agua por día y cama de 590 litros; e incluyendo el personal, que es de 192 personas, entre médicos, enfermeros, practicantes y personal de servicio de toda clase, resulta un consumo de 412 litros por día y cama.

Las tuberías generales de agua son de hierro fundido y fueron colocadas por la Compañía de Aguas de Santander. En los jardines van instaladas bocas de hierro de 50 m/m. de luz, en distancias reglamentarias, que sirven también para, casos de incendio.

k) Gas.‑ Todos los pabellones y dependencias llevan instalación de gas en todas las plantas. En la portería se halla, al lado del contador de agua, la toma general del gas, con su contador de 300 m/m de paso. El gas sirve, principalmente, para las cocinas domésticas de las cuales hay unas 28, instaladas en casi todas las plantas de los diversos edificios, para los aparatos de esterilización, y la cocina central. Las instalacio­nes las hizo J. Schneider, de Madrid, y las cocinas domésticas provienen de S. A. Solothurn (Suiza).

l) Teléfonos, relojes y termómetros a distancia.‑ Una central de teléfonos, instalada en la portería, comunica a 40 aparatos entre sí y con la red urbana. En cuanto a los relojes eléctricos se optó por el sistema de la casa A.E.G. de Bilbao, la cual colocó unos 60 relojes en las diversas salas, oficinas, cocina, central y pasillos. Una instalación de 24 termómetros eléctricos de la casa J. Schneider, de Madrid, permite controlar en cada momento, desde el edificio de máquinas, la temperatura en las principales salas de enfermos, baños, de vapor, sala de operaciones y tuberías de calefacción.

PRIMERA ETAPA REALIZADA BAJO  LA DIRECCION DEL

Dr. Wenceslao López Albo 

Nacido en Cantabria en 1889, pasó los primeros años de su infancia en Colindres. Estudió Medicina en Valladolid, doctorándose en Madrid con Sobresaliente y Premio Extraordinario. Posteriormente trabajó en su Hospital General con Nicolás Achúcarro. Igualmente acudió al Laboratorio de Histología de la Junta para la Ampliación de Estudios, así como al Manicomio de Ciempozuelos con Gayarre. Mas tarde se desplazó a Berlín en viaje de estudios, donde visitó los Servicios de los profesores Bonhoeffe, Lewandowski, Krause y Oppenheim. De aquí pasó a Francia a estudiar con Pierre Marie y posteriormente con el profesor Föester, que dirigía una clínica donde se realizaron algunas de las primeras intervenciones quirúrgicas sobre el sistema nervioso.

A su vuelta, en 1915, abre en Bilbao una consulta privada para enfermedades del sistema nervioso que pronto adquiere una excelente reputación. Más tarde será nombrado Jefe de la Consulta de Neuropsiquiatría del Hospital Civil de Bilbao, donde desarrolló una importante tarea especialmente dedicada a la neurología. Además, entre 1924 y 1936, la Gaceta Médica del Norte y la Academia de Ciencias Médicas de Bilbao (ambas nacidas en 1895), adquirieron un nuevo dinamismo gracias a la entusiasta aportación de una nueva generación de médicos, entre los que se encontraba López Albo. 

El Dr. López Albo fue socio fundador de la Asociación Española de Neuropsiquiatras en 1924, enviando por correo su voto de adhesión desde Bilbao. En esa reunión fundacional es elegido vocal, cargo que mantuvo hasta la Reunión de Bilbao por él organizada en 1928. Posteriormente ostentó la Presidencia de la AEN entre 1930 y 1935. Fue también miembro del Comité de Redacción de Archivos de Neurobiología (fundada en 1919 por Ortega y Gasset, Lafora y Sacristán y que pasó a ser órgano oficial de la Asociación Española de Neuropsiquiatras).

El 30 de Septiembre de 1924, la Comisión Permanente del Manicomio de Zaldívar, poco antes inaugurado el 28 de Julio de 1923 (decide el nombramiento de López Albo como su primer Médico Director, cargo mantenido en funciones hasta entonces por el Dr. Hueto desde el Hospital de Bermeo.

Tres años y medio después de su nombramiento, manifestó su renuncia a la dirección, tras haber sido invitado desde Santander (por indicación de Marañón) para organizar el nuevo Hospital fundado por el Marqués de Valdecilla, así como su Servicio de Neuropsiquiatría. Cesó en Zaldibar a partir de Mayo de 1928 (siendo su sueldo en aquella época de 12.000 pts. Anuales.

BIBLIOGRAFÍA

  • Del folleto informativo del año 1931.
  • Galán Marín, Cristina. Historia del Hospital Psiquiátrico de Zaldibar (Tesina de Licenciatura). Bilbao, 1983.
  • Izquierdo Rojo, José María (Ed.). 70 Años de Valdecilla. Caja Cantabria. Santander, 1999.
  • Lázaro, José. Historia de la Asociación Española de Neuropsiquiatría. Revista A.E.N. 2000 75: 395-515.
  • V.V.A.A. Hospital Psiquiátrico de Zaldibar, 50 aniversario de su fundación 1923/1973. Excma. Diputación de Vizcaya. Bilbao, 1973.
  • Villanueva Edo, Antonio. Siete siglos de medicina en Bilbao. Servicio Central de Publicaciones del Gobierno Vasco. Vitoria, 2000.

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3º DE UNA SERIE DE CAPITULOS A MODO DE INFORMACIÓN

La segunda etapa de Valdecilla se inicia en el año 1969. Las carencias de Valdecilla en el terreno económico y las tensiones ocasionales en sus órganos rectores provocaron una situación en la que se puso de manifiesto que las dificultades existentes iban agudizándose sin que se consiguiera resolver con ninguno de los procedimientos que se intentaron en forma alguna de algunas aportaciones estatales, ni alcanzar un estado normalizado de relaciones con la Diputación Provincial, ni tampoco con el aporte económico que supuso la contratación con la Seguridad Social de uno de sus pabellones hasta que la misma construyó la Residencia Sanitaria «Cantabria». Ante esta situación, se constituyó una comisión especial que procedió al estudio de la situación, y, en virtud de su informe el Gobierno de la nación, en Decreto del Consejo de Ministros de fecha 24 de abril de 1969, extinguió la Fundación Benéfico Particular Casa de Salud Valdecilla para crear una Fundación Pública de Servicios Hospitalarios y Asistenciales «Marqués de Valdecilla», a la cual se incorpora la Casa de Salud Valdecilla, «sin pérdida de su personalidad ni desviación de la voluntad de su fundador», integrándose como unidad especial, en la mencionada fundación, bajo la tutela de la Diputación Provincial de Santander que aporta, a la misma, la Maternidad Provincial, Jardín de la Infancia, Nuevo Hospital Psiquiátrico de Parayas y un Centro de Geriatría.

Esta etapa de la nueva Fundación se caracteriza por los siguientes puntos:

Transformación de la Fundación Benéfico Privada en Fundación Pública de Servicios bajo control y tutela de la Diputación de Santander.

Establecimiento de una acción concertada con la Seguridad Social con unificación de objetivos y utilización conjunta de medios materiales y personales sujeta a un órgano de gestión común y paritario Diputación y Seguridad Social.

Acuerdo con la Universidad para pasar Valdecilla a desempeñar las funciones de hospital universitario, responsabilizándose de la docencia y entrenamiento de las asignaturas clínicas.

Transformación física con la construcción de un nuevo edificio para las funciones de hospital general, así como de un bloque para Traumatología, Cirugía y Urgencias con sustitución de todos los servicios generales y dotación de equipos de la más alta sofisticación técnica.

Establecimiento de un organigrama con una estructura departamental.

Extensión regional de servicios de alta tecnología.

Desarrollo de los sectores administrativos y médico administrativo.

Unificación, por primera vez en la nación, de las acciones de diversos Ministerios a través de la Diputación, Seguridad Social y Universidad.

Los promotores de esta transformación fueron don Pedro de Escalante y Huidobro, presidente de la Diputación Provincial, y el doctor don Segundo López Vélez, que es nombrado director de la Casa de Salud Valdecilla y gerente de la Fundación, y sobre el cual recae, por la prematura muerte de don Pedro de Escalante, la responsabilidad directa, en colaboración con los sucesivos presidentes de la Diputación, de llevar adelante los proyectos iniciales de la nueva Fundación. El día 5 de febrero de 1970 el doctor López Vélez presenta a la Diputación Provincial de Santander el proyecto del nuevo Valdecilla, ya aprobado por la Dirección General de Sanidad, por un importe de 511.241.167 pesetas, aportando la Dirección General de Sanidad el 50% a fondo perdido y corriendo el resto del gasto a cargo de la Diputación Provincial de Santander.

El programa del nuevo hospital se basó en un estudio de gran amplitud de los más modernos hospitales del momento, adaptándolo a las características especiales, tanto de la región como de la nación. Se partió de la idea de realizar un hospital muy dinamizado, con un escalonamiento en áreas de atención gradual, en virtud del cual se configuró un área de Cuidados Intensivos que fue auténticamente pionera en cuanto a volumen y diversificación de unidades de atención específica, innovación que fue seguida después prácticamente por todos los hospitales españoles, construidos con posterioridad, adaptando las antiguas unidades de reanimación al concepto de área de Cuidados Intensivos con diversificación técnica especializada, por sectores.

Se establecen unos servicios quirúrgicos con bloques de gran potencia, creándose un sector individualizado par Cirugía Cardiovascular y Trasplantes, ya con gran visión de futuro, dotado de quirófanos para donantes y receptor intercomunicados.

Las consultas externas son tratadas en gran extensión para responder a la necesidad de la creación de nuevos servicios y secciones.

El Servicio de Urgencia se creó con el apoyo inmediato de Servicios Generales y en comunicación con un helipuerto, como base para la atención regional de urgencia, y se configura un área específicamente destinada a trasplantes que, con posterioridad, se complementa con otro área destinada a los trasplantes de médula ósea.

Lo más importante es la definición de la estructura departamental, en la que se crean una serie de servicios, de nueva implantación, que abarca prácticamente todas las áreas de especialización elevada y sofisticada técnica.

Además de los servicios ya existentes en el antiguo Valdecilla, se crea un potente organigrama, en el que figuran frente a los dieciséis servicios de la primera etapa de la vida de Valdecilla, once Jefaturas de Departamento, cuarenta Jefaturas de Servicio, ochenta y dos jefaturas de Sección y doscientas dieciséis Adjuntías. Los nuevos departamentos creados corresponden a las denominaciones de Análisis Clínicos, Anatomía Patológica, Anestesia-Reanimación, Radiología y Medicina Nuclear, Medicina Interna, Medicina Intensiva, Cirugía, Traumatología y Ortopedia, Tocoginecología, Medicina Pediátrica y Farmacología. Los servicios, la mayor parte de nueva creación, son Medicina Interna, con las Secciones de Alergia, Dermatología, Digestivo, Endocrinología y Nutrición, Inmunología, Neurología y Reumatología, el Servicio de Hematología-Hemoterapia, Servicio de Nefrología y Servicio de Psiquiatría.

Dentro del Departamento de Cirugía figuran los Servicios de Cirugía General y Digestivo, Servicio de Cirugía Cardiovascular, Cirugía Maxilofacial, Neurocirugía, Oftalmología, Otorrinolaringología, Cirugía Plástica y Quemados, Cirugía Torácica y Neumología y Urología.

El Departamento de Tocoginecología lleva dos jefaturas de servicio, igual que el de Medicina pediátrica.

En el Departamento de Traumatología se crean tres jefaturas de servicio y una Sección de Reumatología que, posteriormente, es agregada al Departamento de Medicina Interna.

En las unidades de Servicios generales quedan comprendidas el Departamento del Laboratorio Clínico, el Departamento de Anatomía Patológica, el de Radiología, Radioterapia y Medicina Nuclear, Anestesia-Reanimación, Electrología y Miografía, así como los departamentos de Farmacología y Medicina intensiva y la Jefatura de Farmacia Hospitalaria.

Un departamento de los de nueva creación que adquiere una gran importancia es el de Farmacología Clínica, que inicia muy intensamente tareas de investigación, junto con el de Cirugía Cardiovascular, que extiende su ámbito de acción incluso más que otros servicios a extensas zonas nacionales.

Al mismo tiempo, se lleva a cabo la renovación de todas las instalaciones generales, central térmica, instalaciones eléctricas y grupos electrógenos, talleres, lavandería, etcétera.

La Biblioteca de Valdecilla, que contaba con fondos de gran importancia y que, a lo largo de los años fue sosteniéndose con los donativos del marqués de Pelayo, y que había quedado en los últimos tiempos con insuficiencias de dotaciones por falta de medios económicos bastantes, es reforzada con importantes inversiones para volver a colocarse a nivel de las más importantes bibliotecas médicas de la nación.

Se crea un importante archivo de historias clínicas, que constituye, además, un importante medio de trabajo para publicaciones científicas.

La Escuela de Enfermeras, iniciada en la gestión anterior, es construida con la aportación del Ministerio de Educación y Ciencia, construyéndose un edificio moderno que satisface a la necesidades de áreas docentes y del régimen de internado que, posteriormente, fue modificado de acuerdo con las normas que han ido transformando la docencia del personal de Enfermería.

La junta rectora fue sustituida por un consejo de gobierno, en el cual figura, además de representantes de la Diputación Provincial, vocales de libre designación de la misma entre personas que respondían a las condiciones señaladas en los Estatutos de la nueva Fundación. En tanto se construye el nuevo bloque hospitalario, la nueva dirección, con la autorización de la Diputación Provincial, regida en aquel momento por don Rafael González Echegaray, establece una serie de contactos con la Seguridad Social, fruto de los cuales es un proyecto elaborado por el delegado general del Instituto Nacional de Previsión, doctor Martínez Estrada, y el director del Centro, doctor López Vélez, que es presentado a la Diputación Provincial y a la Seguridad Social, en el cual se propone a las partes la firma de un acuerdo en que se aplica, por primera vez, a la organización hospitalaria los métodos de acción concertada, diferentes de los meros conciertos en forma de alquiler de servicio, fórmula que ya venía siendo utilizada en otras áreas, especialmente industriales y económicas, en virtud del cual ambas instituciones se comprometen a unificar sus actuaciones en el área hospitalaria mediante el uso común e indiscriminado de sus centros para llegar a una unificación de planes y objetivos, homogeneización de personal con plantilla única y un órgano de gobierno, denominado comité de gestión, en el cual las partes se encuentran paritariamente representadas, y todo ello con una Dirección General única. Se configura, de este modo, una asociación construida por el Hospital Valdecilla y la Residencia Cantabria, que pasa a ser un Centro Especial de la Seguridad Social, para poder adaptarse a esta situación redistribuyéndose las funciones de ambos centros, quedando Valdecilla como Hospital General y la Residencia Sanitaria Cantabria como Centro Materno Infantil, recibiendo el conjunto la denominación de Centro Médico Nacional «Marqués de Valdecilla».

Este proyecto fue objeto de numerosos estudios y laboriosas gestiones por parte de los Ministerios afectados y sus asesorías jurídicas, así como por la Comisión Central de Coordinación Hospitalaria y, una vez aprobado por las distintas instancias, fue firmado en Madrid, el día 22 de julio de 1972, encargándose la Seguridad Social de la gestión económica administrativa y nombrándose al doctor López Vélez director general del nuevo conjunto y continuando específicamente como director de Valdecilla.

Aprobadas por la Seguridad Social las plantillas para el desarrollo del organigrama del Centro, comienza la cobertura de las plazas del mismo, no sólo en lo que se refiere al personal médico, sino al resto del personal de enfermería, cuerpos auxiliares, sanitarios y administrativos, celadores, personal de oficio, etcétera.

Al mismo tiempo se aprueba la construcción, en los terrenos del Hospital Valdecilla y en conexión con el primer bloque construido, de un gran Centro de Traumatología y Cirugía por valor de más de quinientos millones y que, una vez terminado, es incorporado como parte integrante del conjunto del Centro Médico Valdecilla, dotándolo de servicios quirúrgicos propios y de diagnóstico radiológico, al mismo tiempo que se aumentan las unidades de apoyo de laboratorio.

El volumen y la importancia de las inversiones y transformaciones realizadas se establece comparando las cifras del momento de la fusión.

Al producirse la fusión en el año 1973 la Fundación Valdecilla tenía en plantilla 379 personas y 682 en la Residencia Sanitaria Cantabria, es decir, en total 1.061 personas, y en el año 1982 la plantilla total del Centro Médico era de 4.000 personas, es decir, prácticamente se habían creado 3.000 puestos de trabajo, pasando a ser el Centro Médico, en número de empleados, el primero de todas las empresas de Cantabria, y en cuanto a las inversiones totales, comprendiendo construcción e inversiones en equipo y utillaje, se aproximan a los 3.000 millones en esta etapa. La constitución del Centro Médico Marqués de Valdecilla planteó, de inmediato, la posibilidad de crear una Facultad de Medicina en Santander, antigua aspiración ya desde los primitivos tiempos fundacionales y que de alguna manera se había intentado con una enseñanza libre de licenciatura dirigida por el profesor Sánchez Lucas y que duró en tanto el mismo figuró en la plantilla del hospital.

Coincidentemente con todos los acontecimientos señalados, el ministro de Educación y Ciencia decide 14 creación de la Facultad de Medicina, en base a la existencia del nuevo Valdecilla, que permite la consolidación y reconocimiento de la Universidad de Santander al contar con tres Facultades. La disposición oficial de creación fue realizada en agosto de 1972, aunque se carecía de edificio para la Facultad, profesorado e, incluso, partida presupuestaria para la misma. En esta situación, la Dirección General de Universidades designa en noviembre de 1972 al director de Valdecilla, doctor López Vélez, como decano-comisario con el encargo de que se iniciara el curso en el mes de enero de 1973.Utilizando el potente dispositivo de Valdecilla y con la decisión de la Diputación Provincial de apoyar económicamente las gestiones del decanato, se comienzan las clases el día 10 de enero de 1973 en la Casa de Salud Valdecilla y en los locales cedidos por la Facultad de Ciencias, reclutando el profesorado necesario con la ayuda muy cualificada del profesorado de la Facultad Complutense y Autónoma de Madrid, que colaboran muy eficazmente para poder iniciar los cursos, que ya continúan de un modo regular hasta la actualidad. En julio de 1973 es elaborado por el director general de Universidades y el director de Valdecilla un borrador de acuerdo, que finalmente, y una vez aceptado por las partes, es firmado el 9 de julio de 1973, y en virtud del cual Valdecilla se encarga de impartir la docencia de los cursos clínicos y el Ministerio de Educación y ciencia de la Construcción de un edificio para los cursos pre-clínicos, que fue inaugurado tres años después, así como de la dotación de las plazas correspondientes. El nuevo edificio de la Facultad fue inaugurado y puesto en funcionamiento tres años después de la creación de la misma, el 14 de octubre de 1975. Hasta el año 1982 continúan las obras de perfeccionamiento del conjunto y la aportación de importantes medios materiales que colocan Valdecilla en el rango de uno de los mejores hospitales de la nación en cuanto a dotación y medios materiales se refiere, fijándose por la Junta Facultativa, en 1981, como planes prioritarios a medio plazo, la potenciación de la política de trasplantes, la proyección hacia otras regiones y el desarrollo de áreas de actividad, como la Oncología, al mismo tiempo que se van proponiendo mayor número de proyectos de investigación para las propuestas a los fondos de investigación de la Seguridad Social.

En 1982 se consiguen los fondos necesarios por valor de más de quinientos millones de pesetas para la iniciación de la remodelación y readaptación de los antiguos pabellones de Valdecilla procedentes de la antigua Fundación, con la finalidad de dedicarlos a la ampliación de actividades de diversos sectores, como la unificación de la atención de enfermos oncológicos y la implantación, en un solo pabellón, de los equipos de Radioterapia y Medicina Nuclear.

Como consecuencia de los cambios políticos ocurridos en la nación, a finales de 1982 es cesado en su cargo de director general el doctor López Vélez, junto con su equipo de dirección, abriéndose un nuevo capítulo en la historia de la institución, de acuerdo con las directrices de la nueva Administración.

 SEGUNDA ETAPA REALIZADA BAJO  LA DIRECCION DEL

Dr. Segundo López Vélez

 (Nació) en 1921.) Oriundo de Cabezón de la Sal (Cantabria) e hijo adoptivo de la villa. Licenciado y doctor en Medicina por la Facultad de Valladolid, donde gana en 1942, por oposición, la plaza de interno de la Cátedra de Patología Quirúrgica. En 1945, por concurso nacional de méritos, fue nombrado becario del Patronato Nacional Antituberculoso (P.N.A.), realizando su residencia en el Sanatorio Nacional de Valdelatas, de Madrid. En 1947 ganó, por oposición, la plaza de ayudante de Centros del P.N.A., haciéndose cargo del equipo quirúrgico regional de las provincias catalanas. En 1949 ingresó, por oposición, en el Cuerpo de Directores del P.N.A., siendo destinado, en tal calidad, al Sanatorio Antituberculoso de Guipúzcoa y en 1951 nombrado, por concurso nacional, director del Sanatorio Antituberculoso de Liencres (Santander), cuyo centro puso en marcha, creando un Servicio Regional de Cirugía Torácica.

En 1961 fue nombrado, por concurso nacional, jefe del Servicio de Medicina y Cirugía de Respiratorio de la Casa de Salud Valdecilla, siendo designado, en 1969, director de la misma y gerente de la Fundación Pública de Servicios Asistenciales y Hospitalarios «Marqués de Valdecilla». En íntima colaboración con el entonces presidente de la Diputación, Pedro de Escalante y Huidobro, y posteriormente con los presidentes sucesivos, abordó la transformación de la Fundación Valdecilla, planificando, programando y llevando a cabo la gestión de la construcción del nuevo Hospital Valdecilla, consiguiendo un Hospital de Cuidados Progresivos de avanzada tecnología.

En 1972 elaboró el proyecto de acuerdo, en unión de la Delegación General del I.N.P. entre la Seguridad Social y Valdecilla, mediante la aplicación de la fórmula de acción concertada, por primera vez utilizada en el campo sanitario, creándose, por acuerdo de las partes, el Centro Médico Nacional «Marqués de Valdecilla», del cual es nombrado director general, que pasa a un lugar preferente en el protagonismo de la dinámica y coordinación organizativa en materia sanitaria del país.

La vieja y no conseguida aspiración de los fundadores de Valdecilla de ubicar en ella una Facultad de Medicina pudo ser realizada, medio siglo más tarde, al asumir el doctor López Vélez, en 1972, la responsabilidad de la puesta en marcha de la nueva Facultad de Medicina, siendo nombrado decano comisario como catedrático contratado de la recién creada Universidad de Santander, llegando a un acuerdo entre el Centro Médico y la Facultad y gestionando la construcción de un edificio para la misma.

Al cesar voluntariamente, cuatro años más tarde de su nombramiento, como decano comisario, y, una vez consolidada la nueva Facultad, desempeñó durante dos años el cargo de presidente del Patronato de la Universidad de Santander, en el que cesa a petición propia. Ha realizado estudios en distintos países europeos como pensionado por la Organización Mundial de la Salud, así como en Estados Unidos, en el Centro Médico de Houston, Universidad de U.C.L.A. de California, becado por la de El Álamo Foundation y en la Clínica Mayo de Rochester, Cleveland y Boston, con cargo al Programa de Intercambio Técnico por los Estados Unidos.

Desempeñó la dirección de la Sección de Ciencias Médicas de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, de la que ha sido íntimo colaborador durante muchos años.

Fue designado vocal de la Comisión Nacional de Elaboración de los Planes de Desarrollo en materia de trabajo y Seguridad Social.

Está en posesión de las Grandes Cruces del Mérito Civil de Sanidad, de la Orden del Mérito Civil, Cruz Militar de Primera Clase y, por designación del presidente de la República de Italia, comendador de la Orden de la Solidaridad.

           Cesado en 1983 como director general del Centro Médico Nacional «Marqués de Valdecilla», continúa en el mismo como jefe del Departamento de Cirugía (F.V.Q.).

Bibliografía:

ENCICLOPEDIA DE CANTABRIA

VÁZQUEZ GONZÁLEZ QUEVEDO, Médicos y hospitales de Cantabria. VENERO GÓMEZ, Historia de la Casa de Salud Valdecilla (tesis doctoral).

 

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4º DE UNA SERIE DE CAPITULOS A MODO DE INFORMACIÓN

                       

 

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